El pasado año, un hombre ponía en conocimiento de la Justicia la ocupación de forma violenta de la que era su casa en un barrio de Sevilla. No logró identificar a la persona que había llevado a cabo tal acción. El denunciante accedió a este piso de forma «pacífica», aunque admitía en su denuncia que estaba de okupa.

El juez decidió que este asunto habría de tramitarse como un procedimiento por delito leve y con juicio rápido.

Pero el Okupa, no tranquilo con la decisión del Juez, recurrió dicha decisión judicial al considerar que la gravedad de los hechos denunciados hacen apropiado llevar el procedimiento como delito grave del artículo 245 del Código Penal que hace referencia a la usurpación u ocupación de viviendas.

Un aviso con un mes de antelación para salir

En su alegato de motivos para recurrir la decisión, el abogado del okupa admitió que su cliente había estado ocupando el piso «sin título de propiedad suficiente para ello. Es lo que se dice un okupa, aunque entró de forma pacífica y lleva más de un año viviendo allí».

Según informaron a Abc fuentes del caso, reconoce que esta situación no le da derecho a ser propietario, pero «sí a que su posesión, sin título, no sea violentada sino por el legítimo propietario y con el procedimiento legalmente establecido. El tiempo transcurrido y la ocupación pacífica convierte a mi representado en un precarista, con derecho a ser requerido con un mes de antelación para desalojar el inmueble».

El okupa del okupa

Además de exigir un plazo para salir del piso, califica al denunciado, a la postre dueño del piso, como «ocupa del ocupa», pero con salvando las distancias entre la actuación «pacífica» del okupa original con «violenta e intimidatoria» del sucedáneo de okupa.

En el recurso presentado ante el juez, se señala que el nuevo okupa no ha acreditado ser el legítimo propietario del piso, por lo que pide el desahucio de éste. Además de la vía judicial, el okupa había contactado con una empresa ‘desokupa’.

Como se ha expuesto antes, el okupa denunciante no identificó al nuevo habitante de su hogar, aunque ya intuía que podría ser el dueño del piso por haber instalado inmediatamente una puerta blindada, algo poco inusual en el movimiento okupa.

Por tanto, la Policía llevó a cabo una serie de actuaciones para lograr contactar con el nuevo okupa del inmueble e identificarlo, resultando ser el dueño legítimo de la vivienda, que entró de forma pacífica a su casa, como atestigua la presidenta de la comunidad, y decidió cambiar la puerta de acceso. Recupera a su casa pero tiene una causa pendiente con la Justicia.

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